Oct072008
¿Jugamos?
Los
humanos tenemos el privilegio de fantasear hasta en los momentos más críticos
de nuestra vida. El ser humano tiende a crear una realidad personal, quizás algunos
la compartan, pero el problema reside en que la mayoría no se da cuenta que las
cosas no son así porque la vida es “injusta”, realmente están creando su propia
realidad porque no ven que hay un problema haciendo sombra en su mundo.
Mirándolo desde cierto punto, nunca dejamos de ser niños, somos como los niños del país de nunca jamás, pero lo ¿que nos diferencia a medida que vamos creciendo? Empezamos siendo niños jugando a ser nuestras fantasías y cuando maduramos somos niños jugando a ser adultos y muchos no se dan cuenta que sus acciones son parte del juego.
Quizás, a medida que creces, no te haces más maduro… Empiezas llorando cuando tienes hambre, enfadándote porque no te quieren comprar un juguete o peleándote porque no quieren jugar contigo; y cuando supuestamente estás madurando, te enfadas porque no están de acuerdo con tus ideales, porque te ofenden o porque simplemente no te dejan hacer lo que tú quieres. ¿Acaso no hace un niño las mismas cosas?
Quizás la próxima vez que discutas con una persona, ponte a pensar: “¿Qué es lo que ha pasado?” e intenta mirarlo desde un punto de vista subjetivo, te darás cuenta que simplemente ha sido una discusión de niños que podía evitarse con dos simples palabras: “Lo siento”.
Aunque, mirándolo de cierta forma, ser un niño nos ayuda a muchos a levantarnos y seguir jugando al juego de la vida.
Mirándolo desde cierto punto, nunca dejamos de ser niños, somos como los niños del país de nunca jamás, pero lo ¿que nos diferencia a medida que vamos creciendo? Empezamos siendo niños jugando a ser nuestras fantasías y cuando maduramos somos niños jugando a ser adultos y muchos no se dan cuenta que sus acciones son parte del juego.
Quizás, a medida que creces, no te haces más maduro… Empiezas llorando cuando tienes hambre, enfadándote porque no te quieren comprar un juguete o peleándote porque no quieren jugar contigo; y cuando supuestamente estás madurando, te enfadas porque no están de acuerdo con tus ideales, porque te ofenden o porque simplemente no te dejan hacer lo que tú quieres. ¿Acaso no hace un niño las mismas cosas?
Quizás la próxima vez que discutas con una persona, ponte a pensar: “¿Qué es lo que ha pasado?” e intenta mirarlo desde un punto de vista subjetivo, te darás cuenta que simplemente ha sido una discusión de niños que podía evitarse con dos simples palabras: “Lo siento”.
Aunque, mirándolo de cierta forma, ser un niño nos ayuda a muchos a levantarnos y seguir jugando al juego de la vida.
Sindicación